El subte de Santiago de Chile y la moda incómoda

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Uno de los últimos viajes que hice previo a la pandemia fue a Santiago de Chile. Este sería un viaje pequeño, y digo pequeño porque ese era el plan, al menos antes de que me dejara el avión. Esta es una anécdota sobre como me perdí en el subte de Santiago de Chile ataviada de moda incómoda.

Tenía un evento a 47 minutos de la ciudad y no tenia idea de como llegar al recinto donde se llevaría a cabo. Fue así que me puse en campaña para buscar a alguien que también participara del evento, supiera como llegar y con quien pudiera hacer el viaje hasta el lugar.

Quien busca, encuentra. Conseguí compañía, pero debía dar vuelta entera a la comuna, barrio o distrito donde me hospedaba, combinando dos líneas de subte y ataviada de un atuendo desconocido de maniobrar para mi, para así encontrarme con mi compañera de viaje.

La mañana del evento debía salir de mi hotel con precaución de tiempo. Había planificado salir una hora antes, pero desde que me desperté mi encrucijada estuvo en el traje. Con frecuencia, escucho que a algunas personas les resulta incómodo ya sea un traje de oficina, los zapatos de seguridad o los tacones altos, definitivamente han de existir personas que encuentran confortable aquello que a otros estorba en el cuerpo.

Esa mañana, con suma estrategia, planee ir en pantalones y zapatillas, llevando mi maxi falda y sandalias de tacón en la mochila, para cambiarme en el recinto de la conferencia. Pero la duda sobre si llegaría a hacerlo pudo más, saliendo de mi hotel envalentonada.

Recorrí esas calurosas calles andando tan lento como pude, pues mi andar suele ser acelerado. 6 cuadras después, me vi en la primera tienda que encontré comprando banditas para no destruirme más la vida con las sandalias de tacón alto.

Cuando la moda incomoda

Para cuando llegue a la entrada del subte ya sentía profunda admiración por aquellas mujeres próceres del buen estilo, cuya capacidad de resistencia sobrepasa incluso a las maratonistas, y su habilidad es tal, que caminar en aquellos instrumentos de tortura es para ellas sinónimo de belleza y elegancia.

Bajé para hacer la primera combinación de línea y ¡Oh Meu Deus! a mi alrededor no había ningún bendito mapa! (al memos ese verano, ojalá ya los hayan puesto). Pedí orientación, y la persona más cercana me envió al desvío, teniendo que cambiar de andén al darme cuenta del error en la indicación proporcionada. En la segunda combinación de línea y la última, comencé a dar vueltas en círculos buscando el mapa. Si, literalmente en círculos, dando pasos torpes de lo lastimada que ya estaba andando a ritmo de premura.

Un policía o guarda del lugar me vio, y amablemente me preguntó sobre que andaba buscando. Debí haberme visto muy graciosa ahora que lo pienso. En fin, le respondí que un mapa, respondiéndome él con un: ¿pero a donde va? Finalmente le respondí que a la estación Ñuble, me da la indicación y embarco. 5 minutos después, me suena el teléfono con la llamada de atención por mi tardanza. Cuando me fijé, ya estaba sobre la hora programada para el encuentro y partida.

Había salido del hotel una hora y 20 minutos antes y con la escasez de mapas e indicaciones acertadas estaba llegando tarde, con los pies hechos una tragedia y con una maxi falda que solo me hacía sentir torpe, casi como si llevara un armatoste que en cualquier momento haría que me fuese de cara contra el suelo.

A Dios gracias, sobreviví, y el auto contratado para llevarnos al centro de convenciones se tardo por el tráfico, consiguiendo llegar tarde pero a tiempo.

De todo esto aprendí a no sacrificar mi comodidad, más aún si voy a las carreras (siempre voy a prisas igual). Si alguien por ahí tiene paso ligero quizás le sea más hábil que yo para maniobrar tacones altos. Además, aprendí que si voy a Santiago lo primero que tengo que hacer es descargar el mapa del subte en el carrete del móvil, porque esa app se colgó muchas veces, como cuando cuando necesitas un taxi y todos van llenos y cual abundancia de taxis cuando quieres tomar un bus.

Ese día, gracias a Dios, llegamos en hora al evento, lo pasamos genial y cumplimos nuestro cometido. La próxima vez procuraré no perderme en ningún subte, sobre todo en el subte de Santiago de Chile y procuraré que la moda no me incomode.

¿Te perdiste alguna vez en tacones altos?

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