Memorias sobre el trabajo y la explotación laboral

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el trabajo y la explotación laboral

Anoche recordé esto mientras veía las noticias y pensé en contarlo porque espero, que a nadie le suceda nunca jamás. En este post haré un breve viaje en el tiempo para contarles mis memorias sobre el trabajo y la explotación laboral.

Hacía poco tiempo que había regresado al país luego de estudiar la maestría y como todo estudiante retornado, reincorporarme a la vida laboral ocupaba la mayor parte de mis pensamientos. Luego de un episodio de acoso con mi ex jefe, me llegó una propuesta para trabajar en una multinacional española. A ver, “multinacional” entre comillas porque estaba consorciada con una empresa peruana. El trabajo debía desempeñarse en la ciudad costera de Mollendo, región Arequipa.

Trabajar o dormir

Cuando conocí la oficina y la residencia, y vi que estaba cerca al mar, realmente pensé que fue lo mejor que podía haberme pasado. No Pao, no te emociones.

El salario era regular, no estaba mal, pero tampoco era lo esperado después de tantos años de estudio, aún así, lo tomé con alegría, pues había conseguido reinsertarme al mercado laboral. Tomé el reto una vez más, creyendo – ilusa yo – de que al ser una multinacional sería una nueva experiencia enriquecedora. Ya había trabajado antes con personal escandinavo en una petrolera y en su cultura laboral las 8 horas de trabajo, 8 horas de ocio y horas de sueño es algo que se respeta. Creyendo que sería una experiencia similar con este trabajo nuevo, cerca al mar ¿Qué podía salir mal?

El primer día arrancamos 7:30 de la mañana, y estuvimos realizando trabajos de oficina, de corrido, y no fue hasta que alguien dejo escapar un: “tengo hambre”, que nos indicaron que podíamos almorzar. Volvimos a la oficina y estuvimos de corrido hasta la media noche. En esas situaciones tan extrañas, una piensa: ¿Nos estarán probando? No me habían dado una “Job Description”.

A las 23:30 estaba sumamente confusa. A todo esto, en ningún momento nadie dijo hasta luego, me retiro ya, o lo que sea. Fui yo la que dije: ¿será que ya nos podemos ir? recibiendo por respuesta de la jefa de área: Por si acaso, en este trabajo no hay horario.

Durante el resto de la semana terminábamos la jornada a las 2 o 3 a.m. La siguiente, durante el día hacíamos trabajo de campo, caminando kilómetros durante el día, y por la tarde, trabajo de oficina hasta nuevamente 2 o 3 de la madrugada. Si gustan del género thriller policiaco como yo, habrán visto o escuchado alguna vez sobre la tortura del sueño. Al cabo de dos semanas yo ya no sabía que día era, tenía mal humor, mi cuerpo estaba confundido, de la nada se me bajaba la presión. Lo que le hace a tu cuerpo la falta de sueño es atroz. La jornada era de lunes a lunes, casi sin dormir yo ya estaba alucinando, veía un perro del tamaño de un caballo, escuchaba un motor y pensaba que era un volcán, incluso ya no gesticulaba bien algunas palabras.

Al principio les contaba lo lindo que me parecía trabajar tan cerca al mar, pues nunca fui. Nunca nos tomamos un solo día para ir a la playa.

Tu trabajo también consiste en divertir a tu jefe

Para colmar los males, al ingeniero en jefe le gustaba “compartir”, y no se le ocurrió mejor idea que hacer una fogata un fin de semana, yo obviamente, decidí aprovechar todo el tiempo posible en dormir, pero, para mala suerte nuestra, habían pocas mujeres en el grupo de trabajo, por lo que fueron a tocarnos la puerta para obligarnos a asistir.

Fuimos, mis compañeras y yo, persuadidas con la típica excusa de: “el jefe va a pensar que no son participativas”. Acudimos una hora y nos escapamos cuando el jefe ya estaba bebiendo, porque encima de obligarnos a asistir, al día siguiente, domingo, debíamos trabajar desde las 8:00 de la mañana, solo media hora más tarde por ser domingo.

Llegó el mes de mi cumpleaños, cerca a terminarse el contrato, ese fin de semana todos debíamos quedarnos para entregar un informe en que el ingeniero en jefe estaba atrasado. Yo puse una excusa, un trámite familiar y me fui a casa, ya no daba más. Ese fin de semana mis compañeros se quedaron trabajando 24 horas de corrido y luego solo pudieron dormir 3 horas.

Claramente, cuando me me llamaron a renovar el contrato yo les dije: muchas gracias pero yo me retiro.

Solo una de las chicas del grupo aceptó renovar el contrato, lo que me hizo reflexionar sobre que es lo que hace que una persona termine aceptando o normalizando el trabajo bajo régimen de explotación laboral.

La administración pública

(un resumen porque da para varios capítulos)

Por lo general no suelo participar en política, siempre consideré que era ganarse un problema innecesario. Pero luego de esta experiencia siendo explotada en el sector privado, consideré que era tiempo de aportar algo de lo aprendido en la administración pública.

¿Cómo ingrese?

No les voy a mentir, no es ir y dejar tu CV en recursos humanos y si eres bueno te llamaran, así no funciona en la administración pública, yo tenía un contacto, que presentó mi CV. Hacer esto esta mal, si, pero era y sigue siendo la única forma de ingresar a trabajar allí en el Perú. Todos lo que trabajan en alguna dependencia estatal, durante el periodo electoral hicieron campaña para el ganador, por eso tienen empleo en la administración pública, todos, desde el que hace la limpieza hasta el cargo más alto, todos participaron en la campaña del actual gobernador o alcalde.

Cuando comencé este trabajo, me pase 3 días sin hacer absolutamente nada, nadie me hablaba y en esta ocasión tampoco me dieron una “job description”. Había un hermetismo tal que, si se reunían al lonche (hora del té) en la oficina más grande, nadie me avisaba, y si por casualidad los veía (porque para ir al baño debía atravesar esa oficina), nadie me ofrecía ni agua.

Y así paso prácticamente una semana.

Un día – de aburrimiento – le pregunto a la secretaría si podía ayudarla en algo, y así comencé a archivar, tomar notas y a ganarme su confianza poco a poco hasta que me hizo la pregunta del millón: Y tú, ¿Cómo llegaste aquí? A mí gracias a Dios ya me habían advertido, que de hacerme esta pregunta, yo debía responder que hice campaña para el gobernador en el pueblo más alejado de la región, para que nadie descubriera que yo ni vivía en el país cuando fueron las elecciones. Pero, me dio por hacerme la graciosa y respondí: en bus, tomé el bus en la plaza aquella y me trajo hasta aquí.

Hacerme la graciosa me hizo ganar puntos con la secretaria de la oficina, pero cuando insistió no quise inventarme tremendo cuento, así que le dije: por recursos humanos, quedando ella sorprendida y preguntando que quien de recursos humanos me había contratado, a lo que respondí: no recuerdo el nombre pero era un gordito bonachón. Por su cara noté que ella tenía dudas, pero como yo era diligente y la ayudaba no solo con su trabajo, sino también con sus cursos de la facultad me llevaba la fiesta en paz. Pero, como no todo podía ser color de rosa, a ella la terminan cambiando de dependencia y se fue de la oficina.

Abre tu billetera en nombre del gobernador

Llegó el día de la madre, y se nos impuso a todos comprar una canasta por un valor de 30 PEN, más o menos 13 USD del cambio de aquel entonces.

Como dato de color, en la administración pública se te paga más tarde que al resto del planeta, sobre todo si no eres amigo de la secretaria de logística o no le llevas regularmente empanadas y Coca Cola.

Este común hecho fue aprovechado por mi compañera, para decirle a la secretaria general que no podíamos comprar nada (incluyéndome), porque no habíamos cobrado, recibiendo una amenaza por parte de la secretaria que nos acusaría con el jefe.

Dicho y hecho, nos acusó, indicándonos el jefe que debíamos colaborar porque éramos gestión. Por cierto, ser gestión quiere decir algo así como: somos los que ganamos las elecciones.

El día del evento llegó, fue organizado en el coliseo local, se había invitado a madres de las zonas más vulnerables de la ciudad. Cuando hubo terminado el evento, el anfitrión dijo: Ahora por favor, hagan una fila en cada puerta porque el gobernador le regalará a cada madre una canasta. WHAT? No los trabajadores. El gobernador, el único bienhechor. Que fácil es ser bueno con el dinero ajeno.

Esta no fue la única oportunidad en que un trabajador debía abrir su billetera para las actividades del político reinante. Si había una actividad se te imponían tickets, que si no vendías debías pagar. ¿Un cumpleaños? Recolectaban de cada uno 5 soles, para comprar un pastel que no valía ni un tercio de todo lo recaudado. Si necesitabas materiales para desempeñar tus tareas en el trabajo tenías que comprarlas tú. Ni que decir del cumpleaños del gobernador, cada trabajador recomendado por un alto funcionario debía “colaborar” con alrededor de 40 dólares para el regalo.

Si existe la pirámide Ponzi para estafas multinivel, en la administración pública existe la colaboración “voluntariamente obligatoria”.

Paola Azriel.

Como es lógico, aquí también se hacen horas extra gratuitas. Algunos se quedan 1 o 2 horas más en la oficina aunque no tuvieran más que hacer. ¿Por qué? Pues porque “son camiseta” (frase que hace referencia a que ponen voluntad por la gestión).

El que entra y como entra, tiene que defenderse como pueda, la estrategia más común: ser el chimentero. Aunque sea cuento, si le llevas chismes al jefe en teoría demuestras lealtad.

Hostigamiento laboral

Cómo nunca nadie pudo comprobar si hice o no campaña para el gobernador, comenzaron a hostigarme. No me entregaban documentos, no me prestaban los sellos de la oficina y se metían a hurtadillas a la oficina para saber de que hablamos.

Como en todo ámbito laboral, una empatiza más con unos que con otros, yo lo hice con una señora de casi la misma edad de mi madre y otra compañera. Compartíamos oficina, por ende tomábamos juntas la hora del almuerzo y nos íbamos juntas porque tomábamos el mismo bus. Quién iba a pensar que esto despertaría sospechas de chismorreo. Como si estuviéramos en la escuela, la secretaria general instigó al jefe para que nos separará, bajo el supuesto de que hablamos mal de él. Por lo visto este jefe era medio tarado, porque el muy bobo así lo hizo. De hecho, en la administración publica a nivel local no se van a encontrar a grandes profesionales tampoco. Los cargos se reparten por amistad y política.

En la administración pública se asciende por amistad, empanadas y Coca Colas, que el jefe te dé un poco más de confianza los lleva al olimpo. En dos ocasiones vi “promocionar” a compañeros, ninguna con aumento de sueldo. Lo curioso es que luego cambiaron, entraban golpeando las mesas, amenazando, hostigando. En una ocasión, hostigaron hasta las lágrimas a la señora de la cual me había hecho amiga, ella no renunciaba por su familia. Otro episodio de hostigamiento fue cuando maltrataron en público al chofer por demorarse 15 minutos en buscar a la asistente de jefatura.

Finalmente renuncié, y desde entonces siempre que me invitan a dar charlas invito a los jóvenes a emprender, crear empresa y ser libres.

Conclusiones

Después de esta experiencia comprendí que en la administración pública están acostumbrados de redorarse de gente con necesidad o carga familiar, porque saben que hagan lo que hagan no van a renunciar.

Me parece injusto que solo las personas que hayan hecho campaña tengan, o mejor dicho, se sientan con el derecho de trabajar para el estado. Hay muchos jóvenes mejor capacitados que no deberían estar imposibilitados de contribuir con su comunidad y quizás cambiar las cosas.

En la administración pública el respeto no se da por color piel, religión, nivel académico o porque simplemente seas otro ser humano, te respetarán según quienes sean tus contactos políticos.

¿Por que la gente soporta estos maltratos? Según la pirámide de Maslow previo a la autorealización está el reconocimiento, y es un híbrido de esto lo que reciben estas personas cuando le llevan al jefe los chismes.

Creo que muchas veces no estamos lo suficientemente entrenados emocionalmente como para gestionar que no nos merecemos ser explotados y renunciar para buscar algo mejor. Claro, renunciar no te garantiza encontrar algo mejor. Existe miedo. Nos han entrenado para ser los mejores para tener un empleo dependiente, nunca para ser agentes de cambio.

Los millennialls somos la generación mejor educada que ha visto este planeta pero al mismo tiempo la más desperdiciada. Quienes mandan aún le temen al cambio, a lo nuevo, a lo distinto. Mejor método seguro que nuevo que los supere. No les han enseñado a tomar riesgos.

Si has llegado hasta aquí en mis memorias sobre el trabajo y la explotación laboral, y atraviesas una situación similar, quiero que sepas que eres valioso y no tienes porque aguantarlo. Si no tienes más remedio, ahorra y sal de ahí, emprende. Crear empresa es lo único que hará libre a ti, y te dará la oportunidad de liberar a otros con tu crecimiento. Si tu empresa crece darás empleo, contribuirás con tu país y por supuesto, contigo mismo.

Sobre Paola

Estudié una Licenciatura en Administración de Negocios Internacionales y una maestría en Dirección Industrial en la Universidad de Buenos Aires. Actualmente hago una segunda especialidad en Inteligencia Artificial en la Universidad de Helsinki.

He probado casi todos los negocios recomendados en Internet y hoy me dedico no solo a crear empresa, sino también a enseñar.

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